lunes, 22 de agosto de 2016

Capítulo 3
El regreso

El verano había pasado tan deprisa, pero lo he disfrutado al máximo, pasamos unos hermosos días de playa, mis padres habían organizado una serie de actividades espectaculares, playa, obras teatrales por las noches, cenas…mis amigos habían llegado el primer fin de semana, mis padres siempre estaban encantados con ellos, la pasábamos tan bien todos juntos, parecíamos una gran familia. En aquel primer fin de semana no había dormido nada, bares, playa, paseos, discotecas, entre tantas otras cosas que era imposible desperdiciar tiempo para dormir, pero cuando todo aquello acaba, caes en la cuenta de que te espera un largo año por transcurrir.
Preparar los bolsos, cargar el auto y cuando estas en marcha ves como dejas atrás todos los momentos de felicidad para un adolescente que bueno, en mi caso estaba en la puerta de la adultez.
Cuando por fin de un largo viaje llegamos a la ciudad, la nostalgia me había invadido, mis amigos ya estaban cada uno tratando de direccionar sus caminos.
Me encontraba en  mi cuarto sacando la ropa de mi bolso, ventilando el ambiente, tenía mi cama pegada a la ventana, me encantaba estar acostada y ver como llueve. Al acercarme al escritorio y tomar mi cuaderno, recordé el encuentro fatal con mi nuevo vecino que por cierto no lo he visto más, pareciera que el departamento seguía sin habitarse, no se escuchaba ni se veía movimientos algunos. Aquella tarde en que lo conocí me había quedado muy molesta, no podía creer la falta de educación que tenía ese joven, no pretendía que me llene de disculpas pero con una sola bastaba, pero no, se rió en mi cara y yo como una grandísima tonta no le dije nada. Moví mi cabeza para sacudir todos esos recuerdos y pensamientos para poder memorar mis vacaciones.
Por la tarde cuando había regresado con mi madre del supermercado nos encontramos con un hombre que salía del departamento nuevo, era alto, cabello castaño, era un calco  al joven grosero que me encontré en el ascensor, seguramente era su padre o algún pariente. Paso por nuestro lado y levanto la vista, mi madre y yo lo miramos disimuladamente.
-Buenas tardes.
Particularmente me quede asombrada, pensé que seguirá de largo, pero me equivoque, ese hombre tenía modales.
-Buenas tardes-Le respondió mi madre, el hombre entro al ascensor y nosotras a nuestro departamento.
-Es nuestro nuevo vecino-Comentaba mi madre.
-Sí, me di cuenta.
-viste que distinguido que es, y su acento al hablar lo hace más importante.
-¡Mamá!-Le exclamé con una sonrisa.
-¿Qué dije?
-Estas babeando.
Reímos tanto.
-Hija… a estas alturas, aparte tengo ojos para tu padre.
Cuando terminamos de acomodar la mercadería me apresuré a cambiarme de ropa y salir a encontrarme  con  mis amigos en el lugar de siempre.

Estaba saliendo del edificio cuando se detiene un auto muy hermosos, mientras guardaba mi celular y las llaves en el bolsillo de mi vestido vi que mi nuevo vecino, el joven que me encontré hace semanas atrás en el ascensor, bajaba de aquel auto, impecable con su vestimenta se dirigía hacia mí, me observo de arriba abajo, mi pulso se aceleró, pero paso de largo directamente al edificio, me quedé anonadada con su presencia, la forma en que me miró, no sabía si fue con gusto o con desprecio, no estaba desfachatada ni nada, pero seguro que no soy de su agrado, tampoco pretendo serlo. A pesar de que era un antipático y mal educado, era muy atractivo.

martes, 2 de agosto de 2016

Capítulo 2
Los nuevos vecinos

Me encontraba en mi habitación preparando mis bolsos, en pocos días me iría de vacaciones, no podía olvidarme nada, el más mínimo descuido y podría colapsar. Después de un momento me percate que no había renovado mi malla, la que tenía era vieja, no podía ir dos años seguidos a la playa con la misma malla, Salí disparada al comedor donde mi madre se encontraba mirando una novela.
-¡Mamá, necesito una malla!
Mi madre volteo a verme con el ceño fruncido
-¿Cómo?, tú malla esta nueva
-¡Dos años mamá, dos años!
Puso los ojos en blanco, se levantó en cámara lenta para mí y tomó su billetera.
-Jóvenes…toma, cómprate una, no me gastes todo por favor.
Tome el dinero contentísima y  salí por mi bolso y me encamine a la salida.
-¿Qué se dice Mary?
Me decía mi madre con los brazos cruzados esperando mi agradecimiento.
- Perdón, gracias mamá.
Rió entonces y desaparecí del departamento. Camine por el pasillo hacia el ascensor que justamente estaba ocupado, me acerque despacio y vi al portero del edificio junto a dos hombres que estaban sacando cajas del ascensor.
-hola Rogelio.
El volteo al escucharme y me dedico una sonrisa.
-hola jovencita, ¿Cómo estás?
-bien Roger-(Así lo llamo cuando no quiero decir su nombre completo), es un hombre de unos cuarenta y cinco años, delgado, lo conozco desde que tengo uso de razón, muchos años trabajando en este edificio.
-me alegro Mary, me temo que vas a tener que usar las escaleras, compraron el departamento del fondo de tu mismo piso, ahora los de la mudanza están subiendo las cosas.
Me quedé asombrada, al fin se había ocupado aquel departamento, estuvo mucho tiempo vacío, es el más grande y por ende el más caro de todo el edificio, deben tener una buena posición económica los dueños.
-Y bueno…si no me queda otra, nos vemos Roger-lo salude con una mano mientras me dirigía hacia las escaleras.
Trate de comunicarme con mis amigas para que alguna me acompañe al shopping, siempre es bueno la opinión de una amiga, pero ninguna pudo. Por suerte después de dar vueltas y vueltas encontré la malla indicada para mí, roja a lunares blancos de dos piezas. Luego me compre un helado y mientras lo saboreaba caminaba y pensaba… ¿Qué demonios haría cuando vuelva de las vacaciones?, mis padres ya me lo habían advertido, necesitaba ocuparme de mi futuro, pero pensaba disfrutar de mi momento de ocio al máximo. Al llegar al edificio rogaba que el ascensor este libre, respire tranquila al corroborarlo, por suerte la mudanza había terminado, tome el ascensor pero antes de cerrarse las puertas entra un joven apresurado, nunca se dirigió hacia mí, ni siquiera para preguntarme a que piso iba, los dos solos en el ascensor, no lo había visto nunca, su mirada estaba perdida hacia el frente, solo eran unos segundos los que compartimos en aquel ascensor pero me pareció una eternidad, el aire que se formaba era incomodo e incluso raro, pensé que ese joven tendría mi edad, pero su forma de vestirse lo hacía un poco más grande. Vestía unos Jean oscuros, una chomba negra de la coste, muy delicado, zapatillas de la misma marca, si, le hice una radiografía completa, siempre disimuladamente, su rostro era duro, expresaba miedo y desconfianza, era alto, robusto pero delgado y su cabello del mismo color del mío, corto y bien peinado. Sus ojos no los había visto en aquel momento pero parecían claros. Llegue al tercer piso y no sé por qué deduje que el seguiría, la puerta se abrió, estaba poniendo un pie para salir y el pasa como un rayo por mi lado empujándome suavemente, la bolsa de mi malla se cayó al suelo dejando el corpiño a la vista, me agache para recogerla y no sé por qué levante la vista y él estaba de espalda mirándome por encima de su hombro con una media sonrisa siniestra, ¡maldito!, ni siquiera me dio una disculpa, ¡mal educado! Y un montón de palabrotas vino a mi mente. Me levanté torpemente y lo vi que entró al departamento que se ocupó hoy, ¡genial! Era mi vecino nuevo y ya empezamos con el pie izquierdo.

Entré a mi dormitorio molesta, muy molesta, ese joven logró en un segundo esfumar mi felicidad de a ver ido de compras, me senté en frente de mi escritorio y tomé mi cuaderno, empecé a escribir mi fastidioso encuentro con mi nuevo vecino, necesitaba descargar mi mal humor, por suerte al entrar a mi departamento no había nadie, si no harían un escándalo por el portazo que le di a la puerta de entrada.