miércoles, 27 de julio de 2016

           Capítulo 1
      Presentaciones


Estaba atravesando los calurosos días de enero, tenía que esperar hasta el próximo mes para salir de vacaciones, detestaba tanto esta ciudad en el verano como el colegio, por suerte ya lo había terminado, este año estaba libre de todo, aunque mis padres me presionan para que estudie alguna carrera que aproveché el año para aunque sea a orientarme a lo que quiero aspirar, realmente no tenía ni idea de lo que quería hacer de mi vida, tal vez estudiaría algún idioma, no lo tenía decidido.
Vivo junto a mis padres Carola y Esteban en un departamento en Puerto madero, Buenos Aires, es pequeño pero cómodo para nosotros tres. Mi padre trabaja en una importante empresa de cruceros  de viajes en Puerto Madero y mi madre en la terminal de aviones de la ciudad, fue así como se conocieron, mediante sus trabajos.
Me estaba cambiando en mi cuarto y preparándome mientras escuchaba a Ray Charles, me iba a juntar con mis amigas en el puente, me puse un short tiro alto, sandalias y una camisa sin mangas, tome mi bolso pequeño y salí al encuentro.
-¡Mamá voy a salir, me esperan mis amigos!
Le grité tomando mis llaves de la mesita del rincón junto a la puerta de entrada.
-Ok, no andes sola por la noche- Me gritaba desde la cocina.
-No mamá, vuelvo temprano.
Y salí dando pasos grandes  hasta el ascensor, deseaba que no se cortara la luz, ya que en verano era frecuente que las empresas de energía eléctrica no dieran abasto con el servicio, por suerte vivimos en un tercer piso, no eran muchas escaleras.
Me encantaba cuando bajaba el sol por las tardes, salía a tomar algo con mis amigos, tenía pocas cuadras para caminar pero las disfrutaba, los bares y heladerías llenos de turistas, gentes locales, eran una de las pocas cosas que disfrutaba de los veranos en la ciudad. Al llegar allí estaban todos sentados en el mismo lugar de siempre, Carolina, Brian, Azul, Mariano y Samanta.
-¡Hey!, llego la chica años veinte- Me decía Azul mientras me acercaba a ellos a saludarlos.
-Me gusta tu onda pero se me sigue haciendo rara.
Creía que a estas alturas ya estarían acostumbrados a como me visto, me encanta la onda retro y por sobre todo la música de época, escucho a Frank Sinatra, Tony Bennett y Harry Connick Jr. Tengo mi pelo rubio oscuro semi largo, un poco más de los hombros y trato de en lo posible mantenerlo con ondas, me encanta lucir así.
-Si me quede en el tiempo Brian.
Todos rieron con mi comentario, me senté junto a ellos uniéndome a su charla, estaban decidiendo  si ir al cine o ir a tomar helado, las dos ideas eran tentadoras pero con el cine pasaremos mejor el rato y así fue.
Al salir de allí eran casi la nueve de la noche, quería despedirme rápidamente para regresar.
-Espera Marilyn, vamos por gaseosas y te acompañamos.
Me decía Carolina mientras me arrastraba con ella de un brazo, no podía negarme, éramos un grupo bastante unido, desde el colegio que siempre estuvimos juntos.
Carolina es una chica alta, morocha, su tez es de un bronceado impecable, siempre se mantiene así y sus ojos son marrones. Azul es una chica preciosa, su pelo es…azul, si, un azul noche que le queda hermoso y delicado resalta su tez blanca y sus ojos azules, se lleva la mirada de todos los chicos y algo muy particular de ella es que siempre lleva algo azul en su atuendo. Samanta es la más descontrolada, arriesgada y atrevida de todos, es alta, su pelo es largo y lacio de color chocolate y le encanta estar a la moda, y bueno están los chicos Brian y Mariano son altos, musculosos, Brian es morocho de ojos miel, súper chistoso, nos hace reír a todos en todo momento y Mariano es rubio de ojos celestes, común y corriente como le digo yo, siempre me pelea por que dice que con ese rostro se lleva en cualquier lugar a las chicas, si bastante engreído, pero a su vez le encanta ayudar y es muy inteligente, próximamente arrancara su carrera de abogado.
Mientras estábamos sentados tomando nuestras gaseosas, observaba el movimiento de la peatonal, de día, de noche, a cualquier hora había gente, los turistas sacando fotos a cualquier cosa que les parezca peculiar, las parejas enamoradas, verlos así me daban ganas de enamorarme, nunca tuve un novio formal, tuve mis encuentros casuales y relaciones de una semana, todavía soy joven y en algún momento llegara ese chico que me llegue al corazón, no pienso buscarlo, que el destino nos encuentre y nos haga sentirnos plenos, sin reservas de el uno para el otro, eso es lo que anhelo para mi futuro. Mariano me arrebata de mis pensamientos con una pregunta.
-¿Te iras de vacaciones pronto Mary?
-El próximo mes.
-¿A la casa de playa?
-¡Exacto!

Todos reían y gritaban de alegría, sabían que cuando yo pasaba las vacaciones en la casa de playa de mis padres, ellos están más que invitados a pasar con nosotros, aunque siempre vienen para un fin de semana nada más.
Recuerdo aquellos días en los que mi corazón golpeaba mi pecho con semejante escándalo. Yo misma me sorprendía, era bastante ingenua con respecto al amor, pero aquel joven fue el único que provocó que mi vida se la diera por completo, me robo hasta el último de mis suspiros. Al principio era bastante distante con migo, sentía como quisiese cuidarme de sí mismo, era una impresión tonta que tenía, pero acertada al fin…
Creo que el amor que nos tuvimos en tan pocos años, nadie lo tubo en toda su vida, si, así como lo describo, intento ser explicita pero hay sentimientos que no se pueden explicar con unas simples o complejas palabras, nos amamos con unas inmensidad extrema.


Ahora aguardo para poder verlo, cada día por medio me encuentro en este  inmundo lugar, lo digo con bronca, por la situación en la que me encuentro, no por el lugar que a propósito es lujoso, la situación me consume, cada vez que me encuentro aquí trato de recordar todos los momentos maravillosos que vivimos juntos, eso me ayuda a ser fuerte y a estar mejor para verlo a él. Sé que esto no es nada a comparación de lo que él hizo, pero de algún u otro modo tiene que pagar…aunque eso me destruya día a día, y a él también.